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Published on: Las conversaciones de la semana

Lo que se necesita de mí

Esto estuvimos conversando esta semana y queríamos compartirlo….

 

“Un país en el que sus ciudadanos solo se ciñen a cumplir su rol de tales con el voto no puede ir bien”

 

Esta conclusión de la IUSperanza de Beltrán Gambier es una idea que siguió en nuestras charlas y nos hizo pensar en cómo ejercemos nuestra ciudadanía, y qué despierta nuestro activismo. Nos dimos cuenta que está muy vinculada al nacimiento de Derecho a la pasión.

 

Vinieron a nuestra mente dos abogados y consagrados activistas. Mahatma Gandhi y Nelson Mandela. ¿Vara alta? Puede ser. Pero es interesante advertir las coincidencias entre ellos. A partir de lo que estudiaron pudieron “ver” las injusticias y formar su criterio sobre los derechos cuyo reconocimiento se debía obtener, en sus respectivos países. El conocimiento del derecho les dio las herramientas para poder defender desde el sistema, las causas sociales, políticas y de derechos humanos que promovieron. Por otra parte, los dos realizaron activismos pacíficos desde la no violencia y la fuerza de sus convicciones.

 

El involucrarse en los asuntos públicos, discutir y votar, era tan importante en la democracia griega que se llamaba de una manera especial, “idion” (raíz del vocablo idiota), a quien pensara que podía vivir sólo para sí mismo, desentendiéndose de lo que sucede en el plano político.

 

Cada uno de nosotros desde su campo de acción o especialidad, puede “ver” injusticias, inequidades, y plantearse objetivos para generar beneficios sociales o defender derechos o valores. Es la oportunidad para preguntarnos ¿qué es lo que el mundo necesita de mí?, nos dirían desde el concepto japonés de Ikigai.

 

La pregunta siempre nos pareció exigente y por momentos acobarda o sentimos que nos queda grande. Pero nos dimos cuenta que los activismos se construyen con el compromiso en pequeñas acciones que pueden ser significativas. Con una carta, un comentario, una donación, un posteo, un chiste no festejado, una desacreditación a la que no nos sumamos. En nuestro caso, bregar por la no desacreditación de la abogacía se volvió una urgencia. Motivó un activismo pacífico desde la no violencia e impulsado por la fuerza de nuestras convicciones. De esas profundas, que parecen nacer en el estómago y quedarse en el corazón.

 

Somos ciudadanos abogados, con capacidad para descubrir qué se necesita de nosotros, qué nos moviliza y poder utilizar nuestros conocimientos y herramientas para ese fin. ¡Te invitamos a pensarlo, sin achicarte, y –por qué no- a actuar!